Conseguir una plaza mediante una oposición es el principal objetivo de quienes deciden desarrollar una carrera dentro de la Administración Pública. Sin embargo, el acceso al empleo público puede ser también el inicio de un recorrido profesional en el que aparecen nuevas funciones, posibilidades de promoción y puestos con mayor responsabilidad.
A medida que un empleado público con funciones especializadas pasa a coordinar proyectos, gestionar recursos o dirigir equipos, también cambian los conocimientos necesarios para desempeñar el trabajo. Junto a la formación específica de cada puesto, empiezan a ser necesarias materias relacionadas con la dirección de personas, los presupuestos, la planificación, la negociación o la toma de decisiones. En este recorrido aparecen distintas opciones formativas, desde cursos especializados y programas de gestión pública hasta estudios superiores de dirección de empresas como un MBA (Master in Business Administration).
La carrera profesional dentro del sector público ofrece distintas posibilidades. La promoción interna, la movilidad, el acceso a determinados puestos o la participación en procesos de selección para cargos de mayor responsabilidad pueden abrir nuevas etapas profesionales. Cada una exige revisar qué experiencia, conocimientos y formación requiere el puesto al que se quiere acceder.
¿Qué exige un puesto con mayor responsabilidad en la Administración Pública?
En numerosos puestos, el trabajo se centra en un área específica de conocimiento o actividad. Dependiendo del cuerpo, organismo o empresa pública, las funciones pueden tener carácter jurídico, económico, administrativo, tecnológico, sanitario, científico o de ingeniería.
El trabajo cambia cuando aparecen responsabilidades relacionadas con la coordinación de personas, la gestión de proyectos o la administración de recursos. El conocimiento técnico sigue siendo necesario, pero deja de ser el único elemento que interviene en el día a día.
Un puesto de gestión puede exigir, entre otras funciones:
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Coordinar equipos de trabajo.
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Establecer prioridades y distribuir tareas.
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Gestionar presupuestos y recursos.
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Planificar proyectos.
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Participar en procesos de contratación.
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Negociar con otros departamentos, organismos o proveedores.
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Evaluar resultados.
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Resolver problemas entre distintas áreas.
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Participar en procesos de transformación digital.
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Tomar decisiones con información económica, técnica y organizativa.
La experiencia adquirida en el puesto ayuda cuando llegan nuevas responsabilidades. Conocer el trabajo diario de una unidad permite saber cómo se organizan las tareas, qué procedimientos se siguen y qué problemas deben resolverse con mayor frecuencia.
Sin embargo, conocer muy bien una actividad no significa necesariamente estar preparado para dirigirla. Las funciones varían según el organismo y el puesto concreto, por lo que antes de plantear cualquier formación es importante determinar qué conocimientos hacen falta para la siguiente etapa profesional.
La dirección de equipos exige conocimientos diferentes
Una persona puede acumular una amplia experiencia técnica y conocer perfectamente los procedimientos relacionados con el puesto. Dirigir un equipo plantea, sin embargo, otro tipo de situaciones.
Hay que distribuir el trabajo, fijar los objetivos, hacer el seguimiento, resolver las incidencias, mantener la comunicación entre los profesionales y tomar decisiones cuando aparecen varias alternativas. También puede ser necesario coordinar a profesionales con perfiles y responsabilidades diferentes.
La formación destinada a empleados públicos incluye desde hace años contenidos relacionados con el liderazgo, la dirección de equipos, la comunicación, la negociación y la gestión del cambio. El Instituto Nacional de Administración Pública, por ejemplo, desarrolla actividades dirigidas a mejorar las capacidades de gestión y dirección en las Administraciones Públicas.
La necesidad de esta preparación también puede verse en determinadas convocatorias para puestos directivos del sector público empresarial, donde se valoran competencias relacionadas con el liderazgo, la capacidad de gestión, la negociación, la comunicación y la coordinación de equipos.
Presupuestos y control de recursos
Otro cambio habitual se produce cuando el puesto incluye funciones relacionadas con la gestión económica o presupuestaria.
No todos los empleados públicos trabajan con presupuestos ni necesitan conocimientos financieros avanzados. Sin embargo, determinadas jefaturas y puestos de gestión requieren entender cómo se asignan los recursos, cómo se realiza el seguimiento de un presupuesto o qué efecto económico puede tener una determinada decisión.
En las convocatorias de ADIF publicadas en Empleo Público aparecen ejemplos de puestos directivos con funciones relacionadas con la planificación financiera, los presupuestos, el control de gestión, la contratación, los fondos europeos y los sistemas de información.
Para un profesional procedente de una especialidad técnica, estas funciones pueden exigir una preparación distinta de la adquirida durante la etapa de acceso al empleo público.
La contabilidad, las finanzas o el control presupuestario sirven también para interpretar información, comparar alternativas y comprender las consecuencias económicas de un proyecto.
Planificar y decidir entre distintas opciones
Los puestos con mayor responsabilidad en la Administración Pública también requieren entender el funcionamiento de otras áreas de la organización.
Un profesional con funciones especializadas puede concentrar gran parte del trabajo en resolver cuestiones relacionadas con un área concreta. Un responsable de área tiene que valorar además los recursos disponibles, las personas, los plazos, el presupuesto, los objetivos y la relación con otros departamentos.
Al asumir más responsabilidades, también aumenta la necesidad de tomar decisiones. En ocasiones existen varias alternativas y hay que determinar cuál responde mejor a los objetivos del organismo, qué recursos requiere, cuál es el coste y qué consecuencias puede tener para otras áreas.
Este tipo de responsabilidades explica la presencia de formación directiva también en el sector público. Los programas de alta dirección pública incluyen contenidos relacionados con la planificación, el liderazgo, la gestión de personas, las políticas públicas, la innovación y la evaluación.
¿Qué señales indican que ya se están asumiendo funciones de gestión?
El paso hacia puestos de mayor responsabilidad no siempre comienza con un nombramiento, una promoción interna o el acceso formal a una jefatura.
En muchos casos, el empleado público empieza a asumir de forma progresiva funciones que van más allá del trabajo especializado. Puede encargarse de resolver incidencias, formar a nuevas incorporaciones, coordinar proyectos, organizar tareas, participar en la planificación del trabajo o actuar como referencia para otros profesionales dentro de la unidad.
Estas responsabilidades permiten comprobar qué capacidades de gestión ya se han adquirido con la experiencia profesional y qué conocimientos necesitan mayor preparación antes de optar a puestos de coordinación o dirección.
Por ejemplo, un funcionario puede conocer bien los procedimientos administrativos y tener experiencia organizando el trabajo de una unidad, pero haber tenido poco contacto con la gestión presupuestaria. Otro profesional puede dominar el área de especialización y haber participado en numerosos proyectos, pero no haber dirigido todavía un equipo.
Identificar estas diferencias ayuda a orientar la formación hacia las funciones que exige el siguiente paso de la carrera profesional.
¿Qué formación puede ayudar a preparar el cambio?
La formación puede plantearse de diferentes maneras. La elección depende del puesto que se ocupa, de la experiencia profesional y de las funciones que se quieran asumir en el futuro.
Las propias Administraciones Públicas ofrecen cursos de actualización y perfeccionamiento. También existen programas especializados en contratación pública, gestión de proyectos, dirección de equipos, transformación digital, gestión presupuestaria o liderazgo.
Los estudios de posgrado ofrecen otra posibilidad. Entre ellos se encuentra el MBA, siglas de Master of Business Administration, un programa de formación en dirección y gestión de organizaciones que se basa en el estudio de materias como estrategia, finanzas, operaciones, dirección de personas, marketing y toma de decisiones.
Un MBA, Máster en Administración y Dirección de Empresas, puede ser una alternativa para empleados públicos que empiezan a coordinar equipos, gestionar proyectos o asumir responsabilidades sobre recursos y necesitan conocer distintas áreas de gestión. También puede ser una opción para profesionales de empresas públicas que trabajan en administración, finanzas, operaciones, tecnología, recursos humanos o dirección.
Frente a un curso especializado, que suele centrarse en una materia concreta, un MBA permite estudiar diferentes áreas de gestión y comprender cómo las decisiones adoptadas en una de ellas afectan al resto de la organización.
La versatilidad de los programas MBA permite aplicar los conocimientos adquiridos en puestos de gestión y dirección de áreas muy distintas. Es tal la demanda y el interés de diversos perfiles profesionales por estudiar un MBA que existen webs especializadas en estos estudios, como https://tumastermba.com/ donde se puede consultar cómo son los programas, conocer las opciones disponibles por ciudades y países, comparar precios y revisar las características de cada programa.
¿Un MBA puede contar como mérito en el empleo público?
Depende del proceso.
Tener un MBA, otro máster o un determinado curso no significa que la formación vaya a puntuarse automáticamente en una oposición, concurso, bolsa de empleo o proceso de promoción.
Las bases de cada convocatoria establecen los méritos que se valoran, la formación admitida, el número de horas o créditos exigidos y la puntuación correspondiente. Por tanto, cuando el objetivo principal sea obtener puntos dentro de un proceso determinado, hay que consultar las bases antes de matricularse.
La formación puede tener también otra finalidad.
Un empleado público puede estudiar para adquirir conocimientos que ayuden a desempeñar nuevas funciones, prepararse para dirigir un equipo, mejorar la gestión de proyectos o conocer áreas con las que empieza a trabajar por primera vez.
En ese caso, la elección debería hacerse en función de las tareas profesionales y del tipo de responsabilidad que se quiere asumir.
Formación para seguir avanzando después de conseguir plaza
Aprobar una oposición exige un esfuerzo importante, pero la preparación profesional no termina necesariamente con la incorporación al puesto.
Las Administraciones cambian, aparecen nuevas herramientas digitales, se modifican procedimientos y surgen nuevas necesidades de gestión. Al mismo tiempo, un empleado público puede pasar por distintos puestos durante la carrera profesional.
La formación continua permite actualizar conocimientos y prepararse para nuevas funciones. En unos casos será necesario realizar un curso específico. En otros, lo más interesante puede ser estudiar gestión pública, dirección de proyectos, contratación, idiomas, tecnología o dirección empresarial.
La elección de la formación debe responder siempre a una necesidad concreta.






